Mi empresa tiene riesgos, ¿qué estoy haciendo mal?
Derivado de nuestro constructo social y el inconsciente colectivo, la palabra riesgo conlleva en sí, una alarma difícil de ignorar, más cuando se trata de nuestra empresa y nuestro patrimonio.
Cuando decimos que ponemos en riesgo algo o a alguien pensamos inmediatamente que hay algo que estamos haciendo mal, algo que se nos ha escapado de las manos o que nosotros, sin querer, hemos provocado.
Nada más lejos de la realidad.
Estamos en riesgo desde el mismo momento en que vivimos. Como dicen: la vida es una enfermedad mortal. Y lo anterior no precisa que estemos haciendo algo mal, sencillamente indica que estamos vivos y caminando.
Así nuestra empresa está en continuo riesgo. Cada decisión que tomamos, cada cosa que hacemos o dejamos de hacer significa en sí un potencial riesgo para nuestra empresa.
Entonces, ¿qué hacer con los riesgos?
La administración de riesgos es una importante herramienta que nos permite evitar algunos y disminuir la incidencia o el de otros, pero para ello necesitamos echar mano de una serie de métodos que nos permitan en primer punto detectar los riesgos, establecer la importancia de cada uno por su impacto en la organización y su riesgo de incidencia, para posteriormente trazar nuestro programa de administración de riesgos, lo que permitirá evitarlos o reducir su incidencia e impacto.
Sin embargo, antes de ir más allá, necesitamos establecer los factores de riesgo. ¿Qué es lo que verdaderamente me está generando el riesgo detectado?, la realidad subyacente en los riesgos detectados con independencia del cuadrante en el que se les haya ubicado.
En ocasiones no es fácil detectar los riesgos, mucho menos aterrizarlos y clasificarlos debidamente. Debemos dejar a un lado los eufemismos al tratar este tema, ya que engañarnos en la clasificación implicaría necesariamente llegar más rápido y catastróficamente al destino que intentamos evitar con la matriz de marco lógico que nos llevará a administrar eficientemente nuestros riesgos para en la medida de lo posible evitarlos o bien disminuir su impacto en nuestra empresa.
El que nuestra empresa camine bien o mal, nosotros mucho mejor que nadie sabe que no es una casualidad, ni producto de un milagro, es el trabajo duro y la constancia lo que nos llevó a verla nacer y lo que nos permitirá verla crecer.
Hay cosas que instintivamente se conocen: no dejes que un bebé manipule una sierra eléctrica o un soplete, sin embargo muchas veces en nuestra empresa no se pueden ver tan claramente los riesgos de un barranco o incluso una caída libre sin red, por ello hay que prepararnos: la mejor forma de conocer el futuro es haciéndolo nosotros mismo y aquello que no podamos hacer conocerlo para saber cómo actuar.
Escrito por: Ernesto Ismael Martínez Aguilar
Licenciando en Derecho, Maestro en Comunicación Organizacional, Especialista en Administración Gubernamental. Consultor Externo para diversas Entidades Gubernamentales, Empresas y Emprendedores Mexicanos. Columnista en diversos medios especializados en Negocios y Mercadotecnia.
Síguelo en: LinkedIn
Etiquetas: Administración de Empresas
